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Mundo Discriminador

Una hoja llega volando hasta su cara, arrastrada por ese fresco viento de Abril, medio húmedo, medio seco; desolador… Las ramas se agitan, los días se acortan paulatinamente para darle paso a la reina noche y los pasos se le marcan acompasados por el crujir de aquel manto beige… Las calles vacías son ahora de los perros y de algunos seres que por alguna fortuita y extraña razón, prefieren el aire húmedo de una tarde gris a la luz de veinte pulgadas, el sol casero, el calor del hogar de tiro balanceado y el cómodo y aburrido encierro. Su vestido negro le marca las flaquezas y la confunde con el marco de la noche que se avecina. Quizás le sentarían mejor el rojo o el azul o el blanco, pero ella mantiene el luto por algún hombre que nunca tubo y ya ni recuerda y de todas maneras, de nada serviría recordar… Se mueve con delicadeza y cuidado, demostrando su poco interés por el correr de las horas y como denotando su fragilidad y su miedo a la gente; como un pájaro desconfiado de esos que se acercan lo suficiente como para comer el grano de maíz o mijo y levanta vuelo desesperado al menor movimiento.

No recuerda al que se le fue, pero sabe que fue injusto con ella; no debió dejarla. Habría preferido que le diera vuelta la cara como todos los demás en vez de hacer lo que le hizo; pero ya olvidó, ya perdonó, ya se resignó y pese a todo no ha perdido la esperanza de encontrarlo… Una señora de unos sesenta y pico de años, está sentada casi al borde de un banco de madera en la plaza con una bolsa de Textilana a su derecha y media pechera de un pulover diminuto sobre su falda. Sus brazos se mueven rítmicamente cruzando las agujas… Ella se acerca. La señora no pudo oírla, es imposible; es casi sorda y ella estaba demasiado lejos y se movía demasiado lento como para emitir sonido alguno, pero sin embargo… La señora levantó la vista, paró de tejer y se quedó paralizada. Ella dudó un momento pero luego tomó coraje y avanzó hacia el banco de madera. La viejecita no le permitió decir nada, juntó sus cosas y apurada como si hubiera dejado la leche en el fuego o hubiesen anunciado la alarma de toque de queda. Una lágrima brillante como de cristal se escurrió por su pálida cara y sus labios hicieron un puchero lo suficientemente conmovedor como para que un padre lleve a su hija a la calecita. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------- La nena tendría doce o quizás diez; bajaba de la calecita con su copo de nieve y su muñeco Garfield de peluche y paño. Ella estaba llorando en el banco donde minutos antes tejía como en trance hipnótico una viejecita. -¿Qué té pasa?- Le preguntó la nena con ese tono maternal que suelen intentar las nenas a esa edad. - Nada…- Contestó la joven entre sollozos. - Algo té pasa, si no, no estarías llorando… A veces mi mamá llora cuando le pregunto por papá. Ella siempre cuenta sus problemas a sus amigas cuando está triste. Dice que la tristeza es un bicho que mastica almas y que tragamos por error y que hay que escupirlo en vez de tragar saliva, porque sino termina por vaciarnos por adentro.- Le dijo, sentada a su lado y acariciando su mano con compasión. -¡Qué suerte tiene tu mamá de tenerte! Sos una nena hermosa y muy inteligente…- Le dijo con la cabeza gacha y esbozando una sonrisa. -Nos queremos mucho con mi mami… ¿ Vos no querés a tu mamá?- -A mi nadie me quiere, todo el mundo se aleja de mí. Todos me… - Calló la joven. -¿Qué te hacen?- Preguntó la nena sin notar la interrupción. -Todos me discriminan…- Contestó secamente una voz diferente. -Yo no lo haré, ¡dejame ser tu amiga y vas a ver!- Le pidió la niña ansiosa. -Como quieras…-Le contestó suspirando. Ella sabía que huiría y casi le niega el permiso, pero prefirió quitarle esa arrogante seguridad con la que para ella, la nena se dirigía a los extraños. Debo confesar que no sé si lo hace de pura resentida o si como yo siempre supuse es porque en el fondo guarda la esperanza de que algún día alguien no se horrorice al verla y la compadezca. De todas maneras sabía que huiría. -¡Juguemos un juego!- Pidió la nena. -¿A cuál?- Le preguntó ella con sarcasmo. -Veo, veo…- Asaltó la niña. -Está bien… ¿qué ves?- Preguntó la viuda. -A una chica muy linda y triste que esconde su cara bajo la capucha de un vestido de luto super apretado y horrible; a una chica sin amigas…- Le contestó inesperadamente la nena. -¡Dejame verte!- Insistió acto seguido con un tono caprichoso. -No, no puedo…- Dijo la muchacha; y corrió desesperada llorando. Llegó la noche y aunque la niña ha abandonado la idea de que su amiga vuelva, sigue preocupada por ella. Su madre fue a buscarla asustada y la nena seguía extasiada mirando el sitio entre los árboles, donde pocas horas antes se había perdido su nueva amiga. La mamá la retó, la tomó del brazo y se la llevó a la carrera de vuelta a su casa. La nena seguía en su trance. -¡Cómo le hacés esto mamá!, Mamá te quiere Sofía… y bla, bla, bla, bla… ¡No vuelvas a hacer una cosa así blablablablablabla…!- Profería la madre escandalosamente. La nena sonreía en su trance; tenía una amiga. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Ella sale ahora de la espesura de los arbustos y se sienta en una de las hamacas a balancearse. Agacha la cabeza con dolor y se apoya las manos en su frente. La noche la llama a trabajar pero ella no está de ánimo. Canta una canción que siempre la hace olvidar sus desgracias; entona ese blues con una vos hermosa, hipnótica y estremecedora como la de una sirena o una linfa. Con el más profundo felling que se haya oído jamás. Ella, tan inmaculada, tan mágica, tan anónima, tan de negro, tan ella. Un muchacho de unos veintisiete años con su pelo perfectamente rasurado y su campera de nobuk Tunnel, se acercó embelesado por la canción. Ella se hamacaba sin ganas… Él la empujó y ella dejó de cantar. -¡Seguí, por favor!, era hermosa… No detengas la música del alma…- Pidió el joven nervioso y con vos melosa. Ella continuó hasta terminar y él se presentó con delicadeza. - Me llamo Pablo, ¿y vos?- Inquirió - No tengo nombre…- Respondió la muchacha. - Si vos no tenés, entonces yo tampoco lo tendré. Olvidate de lo que dije antes no me llamo nada… Decime… Vos.- Le dijo el joven queriendo entrar en un juego que desconocía. - Sé exactamente como té llamás, te estaba esperando…- Dijo la muchacha con una mezcla de dulzura y tristeza. -¿Puedo invitarte a tomar algo?- Pregunto el galán muy seguro de sí. - No bebo- Le contestó la chica exabrupto. -¿Pero, no te gustaría ir a bailar?- Insistió el muchacho que no sabe aceptar un no, como respuesta. - Escuchá, Pablo, terminala con los lances… Al final vas a horrorizarte y me discriminarás, lo sé.- Le dijo la viudita con paciencia en un tono inalterable. -¿Cómo lo sabes?; ¡Dejame verte!, debés ser hermosa; Una chica con tu vos no puede ser fea…- Dijo canchero como atajándose pero sin retroceder en e levante. - El ser humano mira con los ojos, no con el corazón… Te me acercaste y, ¿qué me preguntaste? : ¿Cómo té llamás?, ¿qué tomás?, ¿ bailás?…, ¿estudiás o trabajás?, ¿qué música escuchás?, ¿hace mucho que venís acá?. Todas frases hechas, preguntas efímeras y discriminadoras… Podés llamarte de una forma u otra, seguramente tomás una u otra bebida, o estudiás o trabajás o como casi siempre hacés las dos cosa o ninguna; escuchas tal o cual música y vas siempre al mismo lugar o es tu primera ves… Después de ese interrogatorio ya nada más te interesa. ¿Nunca se te ocurrió preguntar qué sentís?, Así de entrada.- Discursó la muchacha de corrido y con énfasis como de regaño. - Pero…- Alcanzó a agregar el joven. - Vos creé saberlo todo acerca de las mujeres, pero nunca supiste nada y lo peor es que no tenés chances de aprender todo lo que té falta porque no lo creés necesario. Enterate que Mariana te plantó esta noche, porque encontró a un tipo humilde que la considera y la hace sentir una mujer en ves de una joya preciada o un reto o una posesión a la que hay que cuidar que nadie robe para mostrarla a los amigos…- -¿Cómo sabés de Mariana?, ¿Sos amiga de ella?- Pregunto ya confundido el joven. - No, sé muchas cosas de vos… Te dije que te estaba esperando…- Le contestó con calma nuevamente… Pasaba de la calma al colapso de tristeza, de la tristeza a la compasión y nuevamente a la calma. - Entonces, ¿Nos conocemos?- Preguntó el muchacho olvidando lo anterior. -Yo te conozco- Dijo ella. -¿Tenés onda conmigo?, ¿sos linda?, ¡dejame verte!, ¡por favor!- Le pidió Pablo insistentemente, e impaciente le arranco la capucha de un manotazo pero… Al verla se quedó inmóvil, pero no como lo había hecho la viejita esa tarde, mucho más inmóvil… Como la estatua de piedra de un héroe troyano atravesado por la espada de Aquiles, con una mueca de horror y dolor en el rostro. -Te dije… Todos me discriminan- Dijo la muchacha entre lágrimas mientras su mano huesuda no dejaba de oprimir el brazo del muchacho… -¡Tendrás que acompañarme!- Ordenó El muchacho no podía hablar. Quisiera decir ¡no!, decididamente pero… No puede emitir sonido alguno. Una niña curiosa se ha escapado de su casa. Son las tres y veinte de la madrugada y si su madre se enterara la mataría, no la dejaría ir más a la plaza… Un joven y una figura negra se alejaban con calma. Al verlos la nena gritó contenta: -¡Hasta mañana amiga!- La joven se tapó rápidamente la calva calavera y escondió entre sus telas la guadaña desafilada con la que minutos después degollaría a Pablo. -¡Hasta mañana, …amiga!- Le contestó. Una brillante lágrima de cristal se escurrió por su pálida cara… -¡Todos me discriminan!- Pensó resignada. 

 31/01/96 11:16 hs by Matt

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